El Desprendimiento de la Sombra
La sombra, fiel y oscura urdimbre,
se ciñe al costado de lo que existe,
un pacto antiguo, una muda fisura
que teje la forma y luz sin cesar.
No es solo un velo, sino sustancia gris,
compañera muda de cada forma y gesto,
que ante el primer soplo de luz que suaviza
se aferra aún a su único resto.
Luego llega un instante, ligero cual velo,
donde el lazo se vuelve intangible y apagado.
Un temblor imperceptible, desde el cielo
un rayo oblicuo, un lento desvanecer.
No hay estruendo, ni grito de partida,
solo una rendición, un tenue disolverse,
cuando la forma pierde su firme apego,
y la sombra empieza a liberarse.
Flota entonces, ya sin peso, ya sin el lazo,
un aliento negro en el aire que se calma,
un sueño breve, milagro efímero,
antes de que la noche lo consuma todo.
Sin más forma, sin dueño alguno,
danza en el aire, un polvo oscuro,
eco fugaz de una evaporación,
su instante huidizo, puro.
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