La lengua de la lluvia lame el cristal de la cocina, transforma los sueños en alfabetos invisibles. En las paredes de cocinas, signos vivos susurran colores, y el calor los hace legibles solo al corazón. Cada gota firma una palabra que el calor calma, mas queda un mapa de pan y promesas no dichas. Quien abre la despensa lee ese lenguaje suspendido, y la cocina se vuelve biblioteca donde los sueños tienen sabor.