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Versisognanti

Latido de lluvia

Cuando el cielo se mantiene seco, la urbe retiene su aliento.
Las luces tiemblan, como pechos que no quieren ceder.
Cada ventana es un oído cerrado, escuchando el silencio.
Luego una gota roza el muro y la ciudad se detiene para sentir.
Entonces la lluvia toma la pluma y escribe letras lentas en los muros.
Las letras ensanchan los pulmones de las casas, abren vías de respirar.
Cada signo es un latido que danza entre muros y neón.
La ciudad respira de nuevo, cuando la lluvia firma su propio tiempo.

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