La memoria lignífera de la luz
En el corazón fibroso, bajo la corteza muda,
donde el tiempo grabó anillos y vetas,
la madera recuerda el aire que la nutrió,
la fuerza ciega de sus raíces oscuras.
Es un archivo silente, un mapa oculto,
de lluvias antiguas, de vientos que la doblaron.
Luego un rayo se posa, sin pedir permiso,
y desvela el sendero de cada fibra intacta,
cada nudo, cada curva, un proceso tácito
de formas que la luz ahora intercepta.
No es solo brillo sobre superficie lisa,
sino eco de bosque, susurro que se muestra.
Así la materia lleva su cuento en reserva,
y con el toque de cada fotón, un relato se revela.
La luz no borra, sino que une al verbo
mudo del tronco, que en un instante revela
su pasado vasto, la sombra de su misterio,
pintada en el tablón, en un instante sincero.