La Geometría Silente del Entender
La llave, cincelada espera en la palma,
guardiana de secretos, un signo grabado.
No vibra, no tiene voz, ningún salmo,
mas lleva el código de un mundo trazado.
Un metal exacto, curva tras curva,
memoria firme de un destino claro,
ignorante del tiempo que se perturba,
espera su abrazo, único amparo.
Y la cerradura, boca de sombra, oscura,
un laberinto mudo, espera su verso.
No sabe de fuera, ni de luz pura,
solo el grabado que le fue converso.
Cada listón un aliento suspendido,
una invitación oculta, vacío que espera,
en el mecanismo eterno, comprendido,
la promesa de abrir una nueva era.
En ese no-sonido, antes del encuentro,
yace la verdad más profunda y tácita:
dos solitudes listas para el encuentro,
una forma a otra, un camino ya trazado.
Un gesto pequeño, un susurro de hierro,
desvela mundos, disuelve lo no dicho.
La llave se introduce, vence todo cerrojo,
y la cerradura acoge, el secreto es dicho.