El Cálamo Naranja del Óxido
Sobre el acero indiferente, en silencio,
un cálamo naranja pinta despacio.
No conoce prisa, no tiene arrepentimiento,
solo sed antigua, un lento encanto.
Traza arabescos donde el tiempo está cansado,
un código mudo sobre el flanco blanco.
Cada grano es un beso, una erosión,
lengua que el hierro muda en visión.
Dibuja mapas donde no hubo confín,
historias secretas de lo que tiene fin.
El rojo profundo, el amarillo vivo,
una arquitectura en eterno suspensivo.
No es destrucción, sino floración lenta
de otra belleza, un nuevo devenir.
El lienzo se desmorona, mas el signo queda,
una memoria cromática, una fiesta
de partículas que el viento dispersa,
antes que el hierro pierda su cantar.