La Crónica Tejida del Muro
No solo piedra, no solo cal extendida,
sino libro abierto, cada capa una entendida.
El tiempo se acumula en él, velo tras velo,
y cada pincelada despliega un cielo.
Desde el blanco puro inicial, promesa desnuda,
a pátinas de sombra, una trama aguda.
Día y noche, miradas, gestos leves,
absorbidos mudos entre grietas y relieves.
Aquí el rojo de una adiós se vuelve casi gris,
allá el azul de un inicio halla su matiz.
Una arruga sutil, señal no esperada,
es surco de paso, de peso suspendida.
No habla en voz alta, ni se queja al viento,
mas cada fibra cementa un antiguo momento.
Una piel fina, bordado perenne,
de cada instante que en ella dejamos un veneno.
Bajo dedos curiosos, la fría epidermis
custodia halos que el tiempo no exorcisa.
Un rasguño infantil, una mancha olvidada,
cada rastro es esencia, vida escuchada.
Y si un día el pico su historia violará,
cada estrato, aunque desprendido, la esencia guardará,
de miradas que buscaron en él un punto,
en el gran relato de lo que fue conjunto.