Gramática del Viento
El viento enseña una gramática de espacios y aliento,
los pétalos confiesan en sílabas invisibles,
aroma y polen anotan la lección sobre el cielo,
la montaña retiene el aliento, testigo silencioso.
El viento reescribe las confesiones de los flores,
entre gotas de rocío, comas de luz,
relee el alfabeto de los colores con cada soplo,
y pone una firma azul en lo profundo.
En el aliento de las montañas, las frases se doblan con el hielo,
se expanden al calor de un rayo cansado,
la gramática se hace arco de niebla y eco,
y el eco remienda el lenguaje del tiempo.
Así nace un idioma que no exige verdad,
sino que invita a escuchar lo que el mundo suspira,
un léxico de pétalos, piedra y nube,
que deja tras sí el aroma de una caída callada.