El Vértigo de la Coma Inútil
En una anarquía de palabras fluidas,
sin aliento, sin un freno quieto,
está la coma, muda entre los segmentos,
un rizo negro, un pequeño veto.
Nadie nota su cabeza inclinada,
el tenue peso de un puntito negro,
perdido entre un pronombre y un predicado,
un alma entintada a su destino.
Sueña la pausa que no le es concedida,
el aliento suave que el sentido extiende,
la separación, una sombra compleja,
que une y rompe, que el pensamiento entiende.
Querría ser puente, o barrera,
clarificar un sentido, marcar un respiro,
no más una curva vana y prisionera,
un adorno inútil, un mudo suspiro.
Y en el estruendo de frases corrientes,
sin confín, sin límite tan neto,
la coma se disuelve, entre los lamentos
de un mundo que jamás pide pacto.
Mas en quien percibe su llamado,
sutil y arcano, un susurro leve:
que hasta el signo más pequeño, que amamos,
puede dar orden al caos, sentido creíble.