El Efímero Celeste del Charco
Una concha de asfalto, tras el llanto suave,
acoge sin peso el azul más honesto.
Espejo robado al cielo, sin pretensión,
refleja nubes perezosas y sol modesto.
Por una hora sola, o tal vez un día entero,
es un fragmento de infinito, aquí, en el sendero.
Luego el aire tiene hambre, la luz más ardiente,
y el borde tembloroso empieza a ceder.
No es adiós, sino alma que se va ausente,
cada molécula un fragmento por perder.
Sube invisible la imagen reflejada,
el éter la llama, su esencia condensada.
No queda huella, ni eco lejano,
solo el gris húmedo de donde fue lo celeste.
Mas cada gota ascendida, ligera y soberana,
lleva un recuerdo del mundo que la viste.
Y en el azul vasto, que nunca tiene fin,
vive el sueño efímero de todos los charcos.