El gran baile de las llaves perdidas
Debajo del sofá se reúnen, todas con puntas de dedos,
pulen sus puntas con el aliento de los bolsillos,
susurran escaleras y cerrojos como partituras olvidadas.
Extienden un mantel de recibos y tarjetas pequeñas,
lo dulce es un mecanismo de resorte y metal,
las velitas son agujas que apagan el tiempo.
Llegan los candados con facturas y cartas viejas,
trajeron sombreros de óxido y certezas rotas;
bailan el vals de las tardes que abrían puertas.
Cuando el alba se desliza, quedan solo pequeños signos
un nudo de cintas trenzadas alrededor de un botón,
y la promesa de que esa noche, desde algún bolsillo, volverán.