Crepúsculo entre rieles
El aliento de la ciudad se extiende en el crepúsculo.
Los carteles se desvanecen, como promesas en reposo.
La calle retiene el último latido de pasos.
Cada esquina permanece escuchando, lista para una palabra que vendrá.
Las historias de extraños comienzan a cantar entre el ruido de las vías.
Una mujer desenrolla recuerdos de lluvia y cartas nunca enviadas.
Un hombre afina un estribillo de trenes y promesas rotas.
El hierro late junto a las voces, tejiendo una pequeña sinfonía.
El crepúsculo presta voz a los faroles temblorosos.
La ciudad respira con un coro de pasos y voces diminutas.
En el latido del riel, todo se vuelve canción y memoria.
Y cuando cae la noche, quedan las notas de quien nunca se cansó de contar.