Tiempo al tacto
La memoria se vuelve viento entre las grietas del reloj abandonado,
se cuela entre las láminas oxidadas, susurrando minutos con olor a sal.
El polvo retiene el aliento; el estrépito se apaga en un soplo gentil,
y el tiempo se hace piel, un frío que pica los dedos y la memoria respira.
Pon la mano sobre el caparazón frío, escucha el aliento del metal,
es un escalofrío que recorre los dedos, un mapa de calendarios apagados,
el aire lleva nombres de horas pasadas, y el tiempo se vuelve una presión leve,
la memoria, ahora viento, enseña a sentir el tiempo sobre la piel.