El sueño se trepa sobre los trenes abandonados, entre asientos de óxido y ventanales empañados. Cuenta a los vagones las promesas no dichas, susurros de viento que nunca dijeron sí. Cada vagón escucha, en silencio, la memoria, mientras el riel permanece fiel a su tiempo. El sueño escribe con peso sobre el metal frío y el eco devuelve las palabras que quedaron abiertas.