Mar entre las vigas
En el ático respira un mar invisible entre cajas y polvo.
Una luz de sal baila sobre las manijas, como estrellas pequeñas.
El desván queda vela quieta, lista para alcanzar el horizonte.
Los baúles se entrenan a soñar su horizonte,
se mueven lentas, cerradas, aprendiendo a respirar agua.
La madera escucha sus alientos rota, vela, marea.
Cuando la ventana se inclina y arroja una lámina de azul,
el mar oculto sale, entre polvo y tejido de viaje.
El desván se extiende hacia adelante, más allá del horizonte.