Llave de trueno
En el cajón, una llave oxidada exhala polvo.
El tiempo se ha detenido en el metal, guardián de la cerradura.
Espera la mano que la toque y rompa el silencio.
Afuera, la tormenta contiene el aliento de la ciudad.
La cerradura gime con el contacto de la llave.
Una música olvidada ruge entre gotas de lluvia.
Los relámpagos son la partitura, los truenos son el compás.
Los dedos abren el cajón del recuerdo.
El espacio se llena de cobre y ozono.
Cada nota asciende, roza los alféizares de la oscuridad.
El viento afina las maderas, la lluvia las afila.
La habitación se vuelve orquesta, la casa escucha.
Cuando la última nota se quiebra, la tormenta retrocede.
La llave queda húmeda de nubes sobre la mesa.
La música olvidada permanece en el aliento de la casa.
Y si la llamas, reaparece, levantando el telón del tiempo.