Las sombras tejen una gramática de silencio. Un lenguaje se dobla, escapa del registro de la luz. Elige un sendero que no deja huellas. Se vuelve aliento entre los pliegues de la noche. Entonces se levanta, invisible, y se hace viento. Las palabras toman velas y cruzan los callejones. En cada soplo queda un rastro de sombra. Y el mundo parece escuchar el lenguaje que huye.