La Lanza de Latón
Se alza, un siseo dorado, desde la palma cálida,
una esquirlas lanzada contra el azul distraído.
Su fulgor efímero, un parpadeo de párpado,
incide en el silencio antes del veredicto.
No es gravedad lo que la llama, sino una antigua
memoria del suelo, un imán oscuro.
El horizonte rueda en un vals de rostros,
emperador y blasón se desafían en el vórtice.
Cada giro es un destino, un “sí” o un “no” nunca dicho,
una incertidumbre que danza, ajena a su peso.
Luego el aire se vuelve denso, frena el entusiasmo,
y el pico desvanece, una ilusión de alas.
Plana, luego estalla, un último espasmo,
sobre hierba, o piedra, o madera, halla su arribo.
Un tintineo seco, un sello al futuro,
y yace muda, metal, el enigma resuelto.
Volvido inerte, solo un círculo pulido,
esperando la próxima, minúscula ascensión.