La Cicatriz Luminosa del Vidrio Esmerilado
Sobre el vidrio esmerilado, un velo de miel lechosa,
donde el mundo exterior se vuelve sueño borroso,
cada día es un nuevo inicio, un velo fiel y hermoso
que espera el toque de un beso nunca dado.
Mas hay una hora que ya no encuentra su ayer,
un instante dorado que al tiempo no cede.
Fue luz robada a un sol más allá del sendero,
¿o rayo de estrella nacida en algún momento?
Un rastro invisible, un suspiro de sombra,
que sobre la granulación fría dejó su signo.
No fue reflejo lo que la noche desvía,
sino un sello ardiente, un tácito compromiso.
Ahora el frío mismo teje un oro denso y fuerte,
ya no transparente, sino vestido de luz.
Una cicatriz, apenas grabada en la suerte,
recuerdo eterno de un fulgor fugaz.
Y quien mira cree que es solo juego invernal,
no sabe que es el alma del vidrio, un secreto interno.