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Versisognanti

La Catedral del Bostezo

El arco lento que la boca dibuja,
un suspiro que se alarga, se dobla,
no es fatiga, ni cansancio malsano,
sino catedral de instante que se anuda.
Un portal efímero, carne y aire tensos.

Se abre vasto, en un silencio íntimo,
resuena el eco de una necesidad antigua.
No busca oído, no tiene sonido ni ritmo,
solo un límite entre lo que es y el humilde
reposo breve que el alma acaricia.

Templo contagioso de muda oración,
una ola baja, rompe toda barrera.
En su silencio, una historia entera,
la frágil promesa de otra primavera,
un instante vasto que el tiempo no desprecia.

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