Horizonte fragante
El metal se rompe, y sin embargo respira.
Entre las grietas queda un aroma de sal y hierro.
Cada engranaje retiene una nota de luna.
El tiempo, roto, queda suspendido en el silencio.
Del agujero del cuadrante crece un horizonte.
Se alarga como lengua de viento sutil.
Las manecillas, quietas, escuchan el alba que no llega.
El aire se llena del aroma que avanza.
Este olor no es memoria, es brote de mañana.
Cada aliento mueve horas y ciñe el mar.
El borde del horizonte se hace aliento y luz.
En el caparazón roto, una promesa de luz despierta.
Cuando el reloj es solo un esqueleto, el aroma persiste.
El tiempo aprende a crecer dentro de nosotros.
El horizonte, dentro de nosotros, se expande y es hogar.
Nos movemos en el aroma que viene del futuro.