Las telarañas susurran alfabetos temblorosos, en hilos invisibles escriben huellas de luna; cada entramado es una página que respira, la noche se dobla ante el peso de una biblioteca de luz. Quien escucha recibe relámpagos de silencio, palabras lúcidas como gotas de cristal en el estante, el lenguaje secreto ata las sombras a los sueños, y la oscuridad se vuelve un libro abierto, sin cerrarlo jamás.