En el silencio tenue de un instante perdido, el reloj roza el tiempo con un toque de misterio, un susurro leve, un soplo de infinito, que cruza segundos invisibles como un pensamiento. Cada segundo se desliza, perdido en el abismo, mas su latido eterno permanece oculto, un susurro que desvela lo eterno y escondido, en el murmullo tenue de aquello que ya no se ve.