El Diario Irrompible de la Madera
La superficie lisa, cincelada por el tiempo y su vientre,
custodia un archivo mudo, sin tinta ni palabra.
No son surcos grabados, sino un sentir apenas perceptible,
la historia invisible de cada toque que lo roza.
Una onda de presión, un calor fugaz,
dejan una leve impronta, un aliento sin rumor.
Recuerda el peso lento del libro, la taza hirviendo,
el caricia distraída de la mano, el puño sordo de un llanto.
Siente el eco de dedos que danzan o tiemblan,
la huella del codo cansado, el susurro de secreto al viento.
Cada objeto posado, cada vida que se inclina sobre él,
escribe en su fibra una página que no puede negar.
Testigo inerte de cenas, peleas y besos apresurados,
conserva la trama de gestos, el alma de quien lo usó.
Un diario profundo, bajo barniz y sus capas,
donde el mundo se posa y nunca es totalmente borrado.
Roble silencioso, o pino, o haya, ya trasladado,
continúa viviendo la experiencia, jamás completamente aislado.