El Alma Fundida del Reflejo
No es un límite liso por donde el mundo fluye,
sino un corazón ciego que absorbe la vista.
Cada perfil, cada escama que el tiempo recorre,
en el cristal se funde, joya imprevista.
Tiene su gravedad, un quieto espesor,
esta imagen sin carne ni nombre.
Cuanto más marcada, más vivo el color,
del objeto real que lo genera y lo cumple.
Y quizás es allí donde la forma se hace eterna,
en su reverso que no tiene principio ni fin,
una sustancia densa, casi fraternal,
capturada más allá de las arrugas genuinas.