El Aliento Metropolitano
El aliento del metro, vacío, se extiende sobre las vías.
Un soplo de hierro cruza la noche y calla.
Las luces, lentas, dibujan sombras sobre los rostros que quedan.
En la oscuridad, los sueños de quien queda toman una luz tenue.
La galería los custodia como estrellas engarzadas entre tubos de acero.
Cada esquina se vuelve un mapa de deseos iluminados en las manos.
Los vagones duermen, pero el silencio tiene voz firme.
Cada aliento recogido se vuelve una linterna invisible.
Quien queda escucha a la ciudad respirar marcando las vías.
Al amanecer, los sueños permanecen encendidos como faros.
El aliento vacío vela las esperanzas de quien no ha partido.
Y así el metro ilumina los sueños de quien queda.