En silencio ahora, sobre la mesa, la taza que bebió el día, mas un calor sutil aún sus paredes lo contienen. No de vapor, no de aroma, sino un recuerdo que se dobla.
Un aliento lento y pequeño que ninguna boca aspira. Es el sonido denso de su borde cuando la mañana gira. La cerámica custodia un alma que no se expresa.
Custodia las sonrisas bebidas, las palabras silenciadas, un pequeño cosmos mudo entre labios apenas rozados. Espera, tal vez, el rocío o un nuevo rito que se develará.