Eco de un Tiempo No Vivido
En la madera cansada, donde el tiempo es mudo,
Un viejo reloj ya no marca más.
Las manecillas quietas, un pacto antiguo,
No revelan ni el alba, ni caer del azul.
Un velo de polvo cubre su rostro,
Testigo silente de un pasado cortado.
Mas en ese silencio de engranajes apagados,
No llora por lo que ya se ha ido,
Sino anhela los minutos aún no nacidos,
Los días que su corazón nunca marcó.
Una extraña nostalgia, un lamento velado,
Por el futuro robado, por cada evento.
Suspendido está el sueño de cualquier instante nuevo,
Nostalgia de lo que no será,
De albas sin ver, de rostros errantes,
De un mañana que jamás alcanzará.
El reloj quieto, en su abrazo mudo,
Sueña con su futuro, en un espacio apagado.