Eco de las nubes
Un idioma que ya no existe resuena entre los bordes de la sala vacía.
En gramáticas de viento, las nubes lo susurran sin saberlo.
Palabras polvo, frases sin orilla, olvidadas por el tiempo.
Pero el eco las reconoce como vocabulario de lluvia y aliento.
Las nubes, pasadas como pliegues de papel, atraviesan la sala.
Cada contacto es una sílaba que cae y resurge en el vacío.
El idioma se vuelve voz de aire, y la sala lo deja filtrarse más allá del umbral.
Así queda el eco, el cielo que habla donde ya no hay hablante.