Casa que respira
La casa abandonada retiene el tiempo como un aliento.
Dentro, las estancias tienen ojos de polvo que escuchan los pasos del viento.
Más allá de las ventanas, la oscuridad se vuelve respiración propia.
Cada pasillo huele a sal antigua y espera inspirar.
Cuando la luna aparca en el balcón, el aliento se enciende.
Una llama luminosa corre por las paredes, ligera y fría.
Las sombras se alinean, como mapas plateados sobre una mesa.
La casa respira luz y se llena de memoria.
Luego la luna se va y vuelve la quietud, mas no el soplo perdido.
El aliento sigue suspendido, listo para el próximo aparcamiento lunar.
Las grietas se vuelven calles donde reposa una pequeña llama.
Y al ritmo del viento, la casa sabe esperar.