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Versisognanti

Canto de la cerradura

En el silencio respira la cerradura, fría y brillante.
Cuando la llave se desliza, el tiempo se alarga en un suspiro.
En la oscuridad sube una nota de metal, tensa y precisa,
y la puerta escucha, abriéndose lenta como promesa.
El canto se alarga, como llave que sueña abrir la memoria.
Cada rasguño cuenta un pasado que tiembla en el espacio.
El tiempo fluye y la melodía es un puente delgado,
y la estancia acoge sombra, cómplice discreta.
La llave es un cometa, el tiempo un río que roza el borde.
La nota sube y baja, trazando un mapa entre dientes y madera.
La oscuridad responde con eco de campanas lejanas, tenue juramento.
Cada abertura es un inicio, un escenario donde el miedo cesa.
Cuando la última nota se apaga, la cerradura calla mas vela.
No dice quién entra, solo invita a confiar en la noche que canta.
La llave, cansada mas confiada, reposa tras el umbral.
Y cruzamos, oyentes curiosos, en la estancia que respira.

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