La luna se inclina sobre la mesa de cerámica, excava el tiempo con pala de luz. El café permanece abierto solo a medianoche, vapores suspendidos que se consumen en silencio. Cada cucharilla es una azada sobre el reloj, los segundos caen como granos oscuros sobre la mesa. Cuando la última taza calla, la luna cose el día, y queda el vacío profundo de una noche extendida.