Aliento sin puertas
La casa respira, no tiene puertas ni umbrales,
piel de piedra que retiene el aliento del mundo;
cada pasillo es pulmón que custodia silencios,
el aire graba nombres sin hogar.
Adentro, los sueños de extraños se acercan sin tocar,
reposan sobre muebles como migas de luna;
el techo los escucha, los viste de polvo y memoria,
hasta que el alba los lleva fuera, dejando tras sí un aliento.