El tiempo respira entre las teclas de una máquina de escribir abandonada. Cada clic es un latido que roza una página nunca nacida. El polvo danza, aliento de hierro y viento que relee el aire. La tinta es un silencio que aún busca la palabra correcta. Recuerda lo que nunca fue escrito, la página que no vio la luz. Palabras detenidas en la última coma, lastres de tiempo. El aliento del tiempo roza los márgenes y no fluye la tinta. Queda, en espera, una historia que jamás salió de la sombra.