Tiempo de plata
El tiempo se cuela entre las grietas de los recuerdos,
una lagartija de plata en el muro de las horas.
Cada fisura exhala una luz antigua,
y el presente se deja acunar en el silencio.
Con su cola dibuja senderos entre polvo y sueños,
entre fotografías que tiemblan sin peso.
La piel de las horas deja escamas brillantes,
mientras la memoria canta en un aliento apagado.
La lagartija continúa, invisible, en el alba,
y el tiempo concede un minuto de paz a los recuerdos.
Así la memoria queda, temblorosa y frágil,
pero siempre lista para rehacer el camino.