Nombre que disuelve
El hielo respira, frío y silencioso.
Una voz atraviesa el cristal.
La luz lo disuelve en un susurro.
Cada gota lleva una palabra olvidada.
El tiempo lo dobla, lo mece como un barco.
El nombre avanza, pálido y vacilante.
Del fondo del hielo emerge aquel nombre.
Una curva de agua lo acoge y lo refleja.
Mas la memoria, esquiva, deja caer.
Una niebla se vuelve mar y calla.
La voz se disuelve, solo queda un eco líquido.
El hielo cierra los labios y queda el rastro.