Entre las grietas de un sueño ya desvaído, el reflejo lunar se vuelve bailarín mudo, roza velos de polvo, suspendido y engañoso. En el silencio de la ola que se quiebra, una luz, frágil, se pierde en un abrazo, entre las sombras de un recuerdo que aún respira. Y el corazón, oculto en pliegues de memoria, ve en el brillo un eco demasiado leve, un juego eterno de luz y sombra, de dejar ir.