En el silencio sin puertas una estrella queda suspendida, su luz, lenta, se apaga como un aliento de cristal. Las paredes murmuran rayos pasados y silencios fríos, el aire retiene un recuerdo sin destino. La memoria no cierra los ojos, abre una ventana interior, y ese hilo de luz enciende otra vez una estancia habitada desde hace tiempo. La estrella desaparece, mas el rastro queda sobre el suelo, un mapa minúsculo para volver a mirar el cielo de cerca.