El Sendero Silencioso de la Emanación
Del vidrio opaco, casi un soplo, nace
una presencia sin peso ni figura.
No rompe el quieto, ni se alza o pasa,
mas teje en el aire trama que no dura.
Es el alma del flor ya marchito,
el rastro de un recuerdo apenas rozado,
un respiro invisible y nutrido
por el eco de un instante pasado.
Se mueve lenta, sin meta ni prisa,
siguiendo corrientes que no son viento.
Atraviesa estancias, silenciosa y precisa,
con la medida de cada fragmento.
Roza la tela, el ángulo nunca visto,
se posa un momento en el lomo de un libro,
un muto acuerdo, un gesto jamás conquistado,
luego se disuelve cual leve vibro.
Y queda el aire, solo un poco más denso,
con la huella de aquel viaje apagado.
Una memoria débil y suspendida,
relato sin voz, sin evento.
El rastro ha cesado, mas el aire guarda el secreto,
de una pisada ligera que no dejó marca.
Un nada que fue todo, un sueño deshecho,
en el vacío colmado de su tenue gracia.