El Dilema de la Rocío
Sobre la seda nervada de una hoja,
donde el alba pinta velos de oro,
una perla de cielo que no se deshace,
quieta, un aliento mudo de decoro.
La línea no cede ni se dobla,
no es sombra de sueño, ni nombre perdido,
sino un diminuto corazón que se anuda
a un hilo invisible, a su propio modo.
Suspendida entre el abismo y la llanura verde,
entre la promesa de un lento fluir
y el instante que aprieta su mano
al delgado pulso de un tímido surgir.
Un juego de tensiones, un no querer
caer abajo, un deseo ciego
de habitar la curva, de retener
el peso exacto en un diminuto eco.
Y el sol asciende, su calor invita
a disolver el encanto, a liberar
el frágil secreto de una vida
que espera una señal para entregarse.
Mas es una pausa, un pulso sutil,
un universo entero en cristal claro,
antes de ser río, antes de ser dócil
memoria de agua en un abrazo raro.