Aliento de montaña
La montaña respira y los picos susurran el frío.
Cuenta a los viajeros las partidas nunca dichas, como sombras que no confiesan.
Cada viento lleva un nombre que no tuvo voz,
y el aire guarda el saludo que queda entre alba y ocaso.
Viajeros, escuchad que guardo las salidas invisibles del corazón.
Saludos no enviados, promesas dejadas en los cruces del tiempo.
Cuando el sol se va, el valle es página para leer en silencio,
y mi aliento acompaña a quien se marcha, sin decir adiós.