Carta Marina
Con los suspiros la ciudad traza mapas sobre adoquines,
las calles se vuelven venas, la tinta es sal y luz,
cada esquina marca una latitud de nostalgia.
Las plazas se abren como bahías de pasos suspendidos,
farolas-faros orientan memorias hacia el horizonte,
los palacios inclinan sus techos para aprender el movimiento de las olas.
Cuando la noche deshace fronteras, el mapa se disuelve en mar,
los puentes se vuelven crestas, jardines se visten de alga,
la ciudad empieza a nadar, finalmente salada.